miércoles, 7 de agosto de 2013

PIERCE DETECTIVE

El episodio de la vida de Peirce que llevó a los autores de este libro a compararlo con Sherlock Holmes ocurrió hace cien años, en 1879, mientras Peirce estaba al servicio de la Coast and Geodetic Survey. Su padre, Benjamin Peirce, el matemático más importante del momento, que hacía poco había sido nombrado superintendente de la Coast Survey, inició a Charles en los métodos de la detección, doce años antes, en la primavera de 1867, a raíz del caso del testamento de Sylvia Ann Howland. Fue uno de los casos más famosos que nunca se llevara a juicio y, entre otras muchas cosas, el testimonio aportado por los Peirce fue el más célebre. El asunto en cuestión consistía en saber: 1) si las firmas de Miss Howland, que aparecían en las dos copias de la «segunda página» del codicilo de un testamento anterior, eran verdaderas o fueron falsificadas trazando su firma en el mismo testamento, y 2) en el caso de ser verdaderas si el codicilo invalidaba el testamento posterior, mucho menos favorable a su sobrina, Hetty H. Robinson. Los Peirce se enfrentaron con la primera de estas cuestiones. Bajo la dirección de su padre, Charles examinó ampliaciones fotográficas de cuarenta y dos firmas verdaderas por las coincidencias que presentaban en la posición de sus treinta pulsaciones. En 25830 comparaciones diferentes de pulsaciones, halló 5325 coincidencias, según lo cual la frecuencia relativa de las coincidencias era inferior a una quinta parte. Aplicando la teoría de las probabilidades, su padre calculó que una coincidencia en las firmas verdaderas tan perfecta como la que se daba entre las del codicilo, o entre cualquiera de ellas y las del testamento en cuestión, sólo se daría una vez de cada cinco a treinta comparaciones. El juez no estaba preparado para basar su juicio en la teoría de probabilidades, aunque dictaminó en contra de Miss Robinson en la segunda cuestión planteada. (Sin embargo, ésta se casó con Edward H. Green después de 1867 y, como Hetty Green, estaba en camino de llegar a ser «la bruja de Wall Street».) En un largo artículo sobre «The Howland Will Case» que apareció en la American Law Review (julio de 1870) se apuntó: «En el futuro, las fantásticas historias de Poe podrán considerarse insignificantes imitaciones.»

El descubrimiento que resulta de esta investigación, sencillo, y el más importante a la vez, fue que lo que él denominaba hipótesis primero, y abducción o retroducción después, es un tipo de argumentación diferente tanto de la deducción como de la inducción, e indispensable tanto en las Matemáticas como en las Ciencias. Este descubrimiento, no posterior a 1866

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